Metamorfosis nazi-fascista
      del estado español

      Justo de la Cueva Alonso


      ACOSAN AL ÁGUILA NEGRA, PERO VENCERÁ

      (Navarra, clave de Euskadi; Euskadi, clave del Estado español)

      (Carta abierta a un obrero con vocación de suicida, que vive en el madrileño barrio de Carabanchel, que se dice socialista y que no se entera de lo que pasa en Navarra y en el resto de Euskadi)


      Los errores teóricos y las catástrofes en la práctica

      Antes de explicarte cuál es mi interpretación de los hechos déjame, compañero, que consuma un turno para explicar "una previa". Porque inevitablemente cuando se llega a un punto como éste tú sabes que hay siempre un cretino, aunque sea compañero (porque no vamos a caer en el angelismo de pretender que no hay compañeros cretinos aunque sean compañeros), que dice eso de que no vale la pena discutir si son galgos o podencos. Que aprovecha la ocasión para lanzar una puyita "a los intelectuales que andan siempre haciéndose la picha un lío" para rematar gloriosamente la intervención con una encendida llamada a la acción, a la práctica (muchas veces dice "praxis" marcando mucho la "x"). Para que no decaiga, se suele adornar con una revolera así: "dejémonos de teorías que lo que hay que hacer es currar. Hechos son amores y no buenas razones".

      Así es que creo imprescindible "una previa". Sobre la utilidad y la necesidad imprescindible del análisis teórico precisamente cuando se está en mitad del fregado. Fíjate bien, compañero, en que todo ese recorrido que te he hecho en las páginas anteriores sobre las coincidencias (espantosas coincidencias) del comportamiento del SPD y del KPD en la Alemania pre-nazi y el actual comportamiento del PSOE y del PCE tienen una segunda lectura. Precisamente la que pone de relieve la vital importancia práctica de los errores de los análisis teóricos.

      El avance del fascismo no era irresistible. Era resistible tanto en Italia como en Alemania. Si puede parecer a posteriori que fue irresistible es únicamente porque, no se supo cómo había que resistir frente a él.

      Y la culpa de que no se supiera la tuvieron los errores de los análisis teóricos. Es inevitable hablar ahora de la IIIª Internacional. Porque el caso del SPD era un caso perdido. Lenin demostró suficientemente cómo por la vía del revisionismo la socialdemocracia habla llegado a hacer la política burguesa en la clase obrera bajo la capa del reformismo, convirtiendo a los partidos "socialistas" en aparatos del Estado, en aparatos ideológicos del Estado burgués. Pero eso hace más pesada la responsabilidad de los errores de los partidos comunistas y de la IIIª Internacional. De la que no faltan reconocimientos expresos, por cierto. Porque Dimitrov, en su informe al VII Congreso en 1935, dijo:

      "En este orden de ideas, no podemos omitir una serie de errores cometidos por los partidos comunistas, errores que frenaron nuestra lucha contra el fascismo. Existía en nuestras filas una subestimación inadmisible del peligro fascista, subestimación que, hasta ahora, no ha desaparecido en todas partes. Existían en otro tiempo en nuestros partidos puntos de vista del género de "Alemania no es Italia"; dicho de otro modo: el fascismo ha podido vencer en Italia, pero su victoria es imposible en Alemania, país altamente desarrollado en cuanto a la industria, altamente cultivado con tradiciones de cuarenta años de movimiento obrero, país donde el fascismo es imposible. Existían también puntos de vista que existen aún hoy, del género de éste: en los países de democracia burguesa "clásica" no hay terreno abonado para el fascismo. Estos puntos de vista han podido y pueden contribuir a disminuir la vigilancia respecto del peligro fascista y poner trabas a la movilización del proletariado en la lucha contra el fascismo".

      Hay que añadir que esos errores no se cometieron porque sí. Se cometieron precisamente por la adopción por la URSS y la Komintern de una línea general caracterizada por el economismo, la ausencia de línea de masa y el abandono del internacionalismo proletario.

      Tristemente hay que decir, compañero, que la Península Ibérica es un área donde no es precisamente difícil encontrar ejemplos de cómo errores teóricos han tenido terribles consecuencias prácticas. Un personaje especializado en condensar en su actuación personal la acumulación de este tipo de errores es don Santiago Carrillo. Unos meses después del 18 de julio de 1936 el señor Carrillo, a la sazón secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas y miembro del PCE, declaraba que:

      "Nosotros, frente al fascismo y frente a los invasores, no luchamos ahora por la revolución socialista... Pues bien, camaradas, luchamos por una República democrática y parlamentaria. Y no lo decimos como táctica, ni como maniobra para engañar a la opinión pública española, ni para engañar a las democracias universales. Luchamos sinceramente por la República democrática porque sabemos que si nosotros cometiéramos el error de luchar en estos momentos por la revolución socialista en nuestro país... habríamos dado la victoria al fascismo". (El subrayado es mío, claro).

      Escalofría comprobar, compañero, que en aquella época sí había gente que era capaz de hacer un análisis teórico, más precisamente teórico-práctico, correcto. Verás: la Comisión de Encuesta sobre los Procesos de Moscú, que se había formado en los Estados Unidos, bajo la presidencia de John Dewey, se trasladó a México para interrogar a Trotski (al que estaba prohibida la entrada en Estados Unidos) del 10 al 17 de abril de 1937. El 14 de abril, una pregunta de un miembro de la Comisión, Carleton Beals, permitió a Trotski (ayudado por su abogado, Albert Goldman), precisar su posición sobre la situación en España, en aquella sesión y al principio de la siguiente. Trotski dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

      «Pienso haberlo expresado en numerosas entrevistas y artículos: el único camino para asegurar la victoria en España es decir a los campesinos: "La tierra española es vuestra tierra"; decir a los obreros: "Las fábricas españolas son vuestras fábricas". Es la única posibilidad de asegurar la victoria. Stalin, para no asustar a la burguesía francesa, se ha convertido en guardián de la propiedad privada en España. El campesino español no se interesa demasiado por las bellas definiciones.

      »Dice. "Con Franco y con (Largo) Caballero es la misma cosa". Porque el campesino español es muy realista. Durante nuestra guerra civil, no pienso que hayamos vencido principalmente a causa de nuestra ciencia militar. Es falso. Hemos ganado a causa de nuestro programa revolucionario. Dijimos a los campesinos: "Es vuestra tierra". Y el campesino que en un momento se había ido eón los blancos, comparaba los bolcheviques y los guardias blancos y decía: "Los bolcheviques son mejores". Entonces, cuando los campesinos, centenares de miles y millones de campesinos, estuvieron convencidos de que los bolcheviques eran mejores, vencimos...

      »En España, los estalinistas que dirigen el coro desde arriba, han enunciado la fórmula a la que ha dado su conformidad (Largo) Caballero, presidente del Gobierno: Primero la victoria militar, y después las reformas socialistas. Considero que esta fórmula es funesta para la revolución española. No viendo diferencias radicales entre los dos programas en la realidad, las masas laboriosas, los campesinos sobre todo, caen en la indiferencia. En estas condiciones, el fascismo vencerá inevitablemente. Las reformas sociales audaces representan el arma más potente en la guerra civil y la condición fundamental de la victoria sobre el fascismo...

      »La política de Stalin en España no repite tanto la política de Kerenski en 1917 como la política de Ebert-Scheidemann durante la revolución alemana de 1918. La victoria de Hitler ha sido el castigo por la política de Ebert-Scheidemann. En Alemania, el castigo no llegó sino quince años después. En España llegará antes de quince meses.»

      Por desdicha, compañero, Trotski no era el ministro de Agricultura del Gobierno de la República. Ese ministro era el comunista Uribe. Un miembro del PCE del que el 1 de diciembre de 1936 podían leerse en el diario comunista valenciano VERDAD las siguientes palabras de un discurso suyo:

      "La propiedad del pequeño campesino es sagrada y al que ataca o atenta a esta propiedad o a este trabajo tenemos que considerarlo como adversario del régimen".

      Santiago Carrillo defendería esa misma línea en la Conferencia Nacional de las Juventudes Socialistas Unificadas de enero de 1937, donde afirmó enfáticamente que "Nosotros condenamos por erróneo, por perjudicial, por comprometedor para la victoria, todo intento de socialización prematura..."

      Recuerdo muy bien, compañero, que fuiste tú, largocaballerista acérrimo de siempre (aunque a lo peor ahora ya no...), quien, en ese inestimable proceso de transmisión oral de la tradición socialista en el que tanto hemos aprendido de vosotros los veteranos, por primera vez me explicó la correcta posición de Largo Caballero en los primeros meses de la Guerra Civil. Años después habría yo de topar con la concreta cita de las afirmaciones de Largo Caballero en el CLARIDAD del 22 de agosto de 1936:

      "Algunos dicen por ahí: "Aplastemos primero el fascismo, acabemos victoriosamente la guerra y luego habrá tiempo de hablar de revolución y de hacerla si es necesaria". Los que así se expresan no se han percatado, por lo visto, del formidable movimiento dialéctico que nos arrastra a todos. La guerra y la revolución son una misma cosa, aspectos de un mismo fenómeno. No sólo no se excluyen o se estorban, sino que se complementan y ayudan. La guerra necesita de la revolución para su triunfo, del mismo modo que la revolución ha necesitado de la guerra para plantearse".

      He dicho antes "en los primeros meses de la Guerra Civil" porque, por desgracia, el compañero Largo Caballero cambió su posición como, también por desgracia, había cambiado su táctica "frente electoral si, bloque gubernamental no" cediendo a la presión del ala derecha del PSOE.

      Déjame que te insista, compañero, remachando una y otra vez que unos errores prácticos tan gordos, tan brutales como que supusieron perder la guerra, soportar la brutal represión franquista y sus famosos 40 años, estuvieron condicionados por un erróneo análisis teórico. Concretamente el salvaje error de definir a la formación social española de los años 30 como "feudal" cuando evidentemente era una formación social capitalista, en la que el Modo de Producción dominante era, aunque coexistiera con otros, el capitalista. La obsesiva calificación de feudal para la formación social española y la consiguiente receta de la "revolución democrática burguesa" era entonces un clamor de los comunistas en un coro en el que figuraban, por ejemplo, Togliatti y Marty, y que refleja bien este texto de Dolores Ibarruri en el MUNDO OBRERO, órgano central del PCE, del 30 de julio de 1936:

      "Es la revolución democrático-burguesa, que en otros países, como Francia, se desarrolló hace más de un siglo, lo que se está realizando en nuestro país, y nosotros, comunistas, somos los luchadores de vanguardia en esta lucha contra las fuerzas que representan el oscurantismo de los tiempos pasados".

      Voy a cerrar, compañero, esta "previa" sobre la importancia de los errores teóricos con un último ejemplo. También del señor Carrillo. Y no creas que es que le tengo manía. Es que el señor Carrillo a lo largo de su larga vida política ha sido un inagotable filón de errores teóricos y prácticos. Aquí en Navarra se usa una expresión muy gráfica para nombrar a aquel individuo que hay en todas las pandillas, el metepatas que sin comerlo ni beberlo atrae las bofetadas como un imán, el que siempre recibe un golpe aunque estuviera en la otra punta del follón. Se le llama "el sagrario". Porque es "el capacico de las hostias". Bueno, pues don Santiago es el capacico de los errores. Como decía aquel vasco tripolari del chiste respecto de los pajaritos que se comería, don Santiago, de errores, todos.

      En el libro de Fernando CLAUDÍN "Documentos de una divergencia comunista" so puede leer esta espléndida descripción de cómo el Comité Ejecutivo del PCE (Claudín incluido, claro) insistió año tras año en dar instrucciones equivocadas, en diseñar tácticas inadecuadas, en dirigir vez tras vez al desastre a sus militantes:

      "Vista así la situación, se comprende que cada nueva huelga importante fuera recibida como la chispa capaz de provocar el incendio; que a comienzos de 1963, en el editorial ya mencionado anteriormente de Mundo Obrero, se previera que 1963 iba a ser el año de la liquidación política de Franco; que en la primavera de ese año pensáramos que la huelga general podía ser inmediata; que al estallar, en el verano de ese año, la tercera huelga minera de Asturias (a contar desde abril de 1962), esperáramos, día a día, su propagación al resto del país; que al estallar la cuarta, en la primavera de este año, siguiéramos en la misma expectativa, como se desprende evidentemente del llamamiento que en ese momento dirigió el Comité Ejecutivo a los trabajadores y a todo el pueblo...

      ... Es decir, durante ocho años hemos venido presentando la situación como si la dictadura estuviera al borde del derrumbamiento, como si la huelga general o nacional, capaz de provocar este derrumbamiento estuviera a la vuelta de la esquina, etc. etc."

      Y poco más adelante Claudín explicaba que: Durante años -como demuestro documentalmente en el estudio sobre el subjetivismo- nuestros juicios y previsiones sobre la situación económica de España han sido constantemente desmentidos por la realidad, independientemente de aspectos parciales que eran acertados y de la correcta denuncia del carácter de clase de la política económica del régimen. Y es que esos juicios no eran el resultado de una investigación objetiva, marxista, del proceso económico... A los camaradas que hemos indicado en la dirección del Partido la necesidad de tener una apreciación del actual desarrollo capitalista monopolista, de las posibilidades del capitalismo monopolista de Estado -para mejor luchar contra él, para elaborar una estrategia y una táctica eficaz- que para demostrar dicho desarrollo y posibilidades no nos hemos limitado a frases generales, sino que hemos puesto sobre la mesa algunos de sus datos fundamentales, se nos ha colgado inmediatamente la etiqueta de panegiristas del capital monopolista, y se ha desencadenado contra nosotros, y contra otros camaradas que sostenían puntos de vista similares, una campaña demagógica en el seno del Partido, agitando esa etiqueta, y pasando de ahí a decir que negamos la lucha de clases, que estamos al servicio de Fraga, etc. etc." (Los subrayados son míos).

      Aquí se acaba mi "previa", compañero. Me parece que lo dicho y reproducido es suficiente para que quede claro el funesto efecto del abandono del esfuerzo teórico para explicar nuestra práctica y la del enemigo. O el funesto efecto de lo que aún es peor que ese abandono: la realización de análisis teóricos erróneos.

      Voy, pues, a afrontar la pregunta: ¿Qué está pasando aquí, en el Estado español?


      ¿Qué esta pasando aquí, en el Estado español? 12 tesis como respuesta

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